El 1° de Mayo se festeja el Día Internacional del Trabajador en conmemoración a la huelga de Chicago de 1886. Al ver las fotos de esos años, es imposible no percibir cómo han evolucionado los métodos de producción desde esos tiempos, marcados por la segunda etapa de la revolución industrial.

El mundo del trabajo ha cambiado y continúa transformándose aceleradamente. La nueva revolución tecnológica aplicada al proceso productivo, como la automatización y la inteligencia artificial, ya no son argumentos de ciencia ficción, sino que están presentes y son protagonistas en el mundo actual. En ese contexto, los niveles de capacitación de los trabajadores requeridos por las empresas, en todos sus formatos, son cada vez más exigentes.

Un mundo de oportunidades
La revolución tecnológica actual abre numerosas oportunidades para los trabajadores y trabajadoras. Pero estas nuevas oportunidades por si solas no garantizan la inserción en un mundo laboral cada vez más complejo. Para afrontar los nuevos desafíos y poder estar a la altura de los tiempos que corren es fundamental adquirir las habilidades que requiere esta nueva revolución tecnológica.

Los jóvenes, que nacieron atravesados por la era digital, tienen un potencial sin igual para encarar esta nueva etapa. Así, los nativos digitales juegan un rol crucial en la transformación del mundo del trabajo, y desde las distintas instituciones es necesario promover su participación de manera activa.

Desigualdades en la educación
El único camino para incorporarse a la revolución tecnológica es la educación, y para generar la cantidad de profesionales que el sistema productivo requiere es necesario integrar a las mujeres en las profesiones vinculadas a la tecnología. A modo de ejemplo, en las ingenierías la cantidad de mujeres egresadas es de alrededor del 20 por ciento. Este desbalance es compensado con las carreras vinculadas a ciencias químicas, donde el 77,8 por ciento de las egresadas son mujeres. Esta distribución no es casualidad, y está relacionada a la noción de que hay profesiones para hombres y profesiones para mujeres.

Este fenómeno se agudiza en carreras vinculadas a la informática. En 2016, en Ingeniería en Computación de la UNC, no hubo ninguna mujer entre los 18 egresados de ese año. Esta performance apenas mejoró en los egresados de la Licenciatura en Ciencias de la Computación, donde de los 27 egresados de 2016, apenas una fue mujer.

Nuevas tecnologías, nuevos desafíos
Estos números muestran que los desafíos son múltiples.
Primero, el mundo del trabajo requiere de más profesionales vinculados a las nuevas tecnologías. Y esto no es futuro, es presente. En la actualidad no se logra cubrir la demanda laboral en materia de tecnología.

En segundo lugar, es necesario terminar con la brecha de género, que ha persistido a lo largo de los años, y ahora se hace visible también en disciplinas relacionadas con la ciencia y la tecnología. Y este no es un desafío menor. Romper con años de preconceptos vinculados a las capacidades de hombres y mujeres no es algo que se logre con sólo enunciarlo.

Rompiendo la brecha digital de género
Como es sabido, existen brechas de todo tipo entre hombres y mujeres. Entre todas ellas, hay una que se ha vuelto relevante: la brecha digital. Y reducirla no consiste únicamente en el acceso a dispositivos y conexión a Internet, sino que radica en fomentar la apropiación del conocimiento para utilizarlo y poder aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología.

Con el objetivo de achicar esta brecha, desde la Secretaría de Equidad y Promoción del Empleo se ha puesto en marcha el programa Tecno Fem, que cuenta con el apoyo de la organización Chicas en Tecnología y el acompañamiento del Cluster Tecnológico Córdoba. El núcleo de este programa consiste en estimular las vocaciones en las adolescentes para que consideren a la tecnología como una aliada, como una oportunidad de desarrollo, crecimiento, y como fuente de futuros trabajos de calidad.

De esta manera, para hacer avances significativos sobre este desequilibrio es necesario que más mujeres se interesen en el sector tecnológico desde temprana edad. No sólo como usuarias, sino como creadoras, profesionales y emprendedoras. El potencial es enorme, y con esfuerzo y dedicación se podrá construir un futuro de progreso e inclusión.


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