Alicia Pregno

Hoy cumplimos 30 años de democracia. Nuestro régimen político de gobierno se reinstaura aquel 30 de octubre de 1983, luego de penosas interrupciones que, mediante “golpes de Estado” a lo largo de todo el siglo XX,  caracterizaron esa etapa de la historia argentina. Y fue  ese día que los argentinos volvimos a expresar nuestra voluntad como pueblo a través del  voto de todos.

Hubo costos para reconquistarla y fue dura su ausencia. En el curso de todo este trayecto y con distintos intérpretes que vimos acertar y equivocarse, nuestra democracia fue cobrando impulso cada día, se fue haciendo mayor y se aferró a nosotros, y  nosotros,  apreciando que aportamos con este devenir a la construcción del más largo camino democrático de la historia argentina y que ella volvió para quedarse, no podemos dejar de admitir que aún falta, que queda mucho por delante y que queda margen para crecer, trabajar y mejorar.

Estar juntos, democracia y nosotros, nosotros y democracia, presupone un romance. Y es bueno y lindo andar de novio con ella, quererla, abrazarla, apropiarse, decirle que es nuestra. Y corresponde estar juntos, en la salud como en la enfermedad, en la prosperidad como en la adversidad, regarla cada día, hacer que florezca, que dé frutos y semillas que germinen en los que vienen, en nuestros hijos, en las futuras generaciones.

Desde el inmenso honor de ocupar la Vicegobernación de la Provincia de Córdoba me corresponde la responsabilidad de presidir la Legislatura Unicameral, que es el espacio institucional más importante y representativo de la democracia. En el ámbito legislativo deben hacerse oír todas las voces. Sus intérpretes representan distintas ideolologías, distintas posturas, distintas regiones y en este foro de discusión se consolida la democracia, cuando se emiten argumentos, se escuchan discursos, se debaten ideas y se pretende el diálogo y, en procura del consenso, se informa, se participa, se proclama.

La importancia democrática de la Legislatura no sólo se manifiesta porque en ella a través de los señores legisladores todas la fuerzas políticas votadas libremente por la ciudadanía están representadas según sus preferencias, sino también porque están presentes los diversos territorios de nuestra extensa y querida provincia, cada departamento aporta representantes y a través de su voz la ciudadanía y el pueblo del interior provincial se hacen oír y allí conviven, comparten y confluyen, en un marco constitucional, los sentires y esperanzas de cada lugar. Se fijan metas, se ponen prioridades, se acotan atributos, se discuten responsabilidades.

Nuestra provincia puede jactarse del siguiente detalle: ella, en su conformación, con cuatrocientos veintisiete municipios y comunas, en el devenir democrático, ha venido proponiendo herramientas para que las voces de los pueblos de toda su extensa geografía hagan llegar sus pareceres al gobierno provincial. Las distintas fuerzas políticas tienen en la mesa provincia-municipio un aporte muy cercano para operar a favor de la mejor política.

Es cierto, hay puja de intereses, se discute, se puede ser más o menos conciliador, pero si de algo podemos estar seguros es que la democracia nos permite, cada vez que votamos con reglas de juego claras, reafirmar o no un proyecto de gobierno, acompañar un mensaje, apoyarlo o desacreditarlo, elegirlo o no porque, como alguien dijo: esta democracia, si bien no es perfecta, nadie, hasta el momento, ha sido capaz de inventar algo mejor y, en este marco, la libertad de expresión, que se hace parte de la reconquista de aquel 30 de octubre de 1983, permite que ya nadie calle su  voz. Todos pueden expresarse, manifestarse y hasta gritar para hacerse escuchar.

Supone un ejercicio de “doble vía”, exige escuchar y receptar por parte de quien gobierna y exige razonabilidad y posibilidad de realización en los planteos que se efectúen. Es una responsabilidad de “ida y vuelta”. De allí que, en democracia, la factibilidad resulte un criterio esencial para gobernar pero también para discutir. Hablo de entender la política como la articulación de intereses particulares en pos del interés general. Ese es el desafío de la dirigencia, de toda la dirigencia, política sobre todo, pero también empresarial y social. Teniendo en claro esto, todos los actores ganan, todos suman y el beneficio es colectivo.

Los jóvenes han recuperado su fe y su esperanza porque han crecido en democracia. Nos corresponde a todos militar en nuestras causas para cristalizar la confianza incipiente de los nuevos, de los que vienen entrando, porque ellos son los protagonistas que continuarán esta historia, quienes garantizarán que se siga construyendo un vehículo de inclusión capaz de relegar intereses particulares para priorizar el equilibrio del conjunto  brindando el más amplio y sostenido debate de representantes y representados. Puesta en práctica en todos los frentes de nuestra vida social será la democracia la encargada de asignar roles y responsabilidades.

Vamos avanzando, siempre descubriendo y aprendiendo y también siempre recordando que  “a esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”.


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