Johnny se pone la capa animal print y se sienta, entregado. La máquina comienza a despejarle la melena frondosa, tupida, que le puebla los laterales de la cabeza. Las orejas, ahora, saltan a la vista. Johnny es rapero, integrante de Rimando entreversos, la banda surgida en las villas El Sauce y El Tropezón, con apoyo de Fundación la Morera. Es lunes, y en la Casa Abierta que funciona en esa barriada del noroeste de la ciudad se trasformó una peluquería. Detrás de Jonny hay una fila de diez clientes, los peluqueros son alumnos y alumnas del taller del Centro Social y Educativo Lelikelén que han llegado hasta El Sauce para hacer sus prácticas.

“Este es un espacio de prácticas laborales que surge del trabajo coordinado entre dos espacios. Para soltar la mano y animarse, salimos a los barrios cuatro o cinco veces al año”, explica Irma Lombardo, profesora del taller. “Pero también es una manera de devolver a la sociedad lo que aprendemos en el Lelikelén. Es una instancia solidaria”, agrega. Tanto la Casa Abierta como el Lelikelén son espacios que funcionan bajo la órbita de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SeNAF). 

El taller de peluquería -uno de los tantos oficios que enseña el Lelikelén junto con la Secretaría de Equidad y Promoción del Empleo- asisten unas 30 personas. En las aulas cuentan con capacitación y herramientas de trabajo. “Nuestro objetivo es que los chicos puedan comprarse sus herramientas y comenzar a trabajar, a ganar su dinero lo antes posible”, dice la docente. 

El lunes, medio centenar de vecinos pasaron, entre las 10 y las 16, por la peluquería improvisada en la que unos 15 alumnos le pusieron “onda” a las cabezas. 

Natalia Maruco, coordinadora del espacio de niños de La Morera, contó que la articulación con el Lelikelén es “histórica”“Es un vínculo de cooperación y relajación para acompañar a los jóvenes en sus trayectorias educativas. En ese sentido, las prácticas son muy útiles”.


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