Cuando Elena García Cima de Esteve comenzó a hablar, en el auditorio de la Dirección de Mediación del Ministerio de Justicia comenzó a flotar un clima de entendimiento. “La mediación –dijo la docente– tiene que ser una práctica cotidiana, una vivencia y no solo una profesión alternativa”. Sentados, la escuchaban los 92 inscriptos al curso básico de mediación, que comenzó a dictarse este miércoles.

Fue la primera clase de un proceso que durará tres meses y que busca formar nuevos mediadores para que los cordobeses podamos resolver nuestros problemas dialogando, antes de llegar a una causa judicial. Es que en noviembre entrará en vigencia la Mediación Prejudicial obligatoria en el fuero Civil y Comercial (aprobada hace un mes en la Legislatura) que representa un cambio de paradigma en la resolución de conflictos.

Elena García Cima de Esteve es mediadora y junto a su equipo interdisciplinario está a cargo de la etapa introductoria del curso. “Las mediaciones no son talle único, para cada caso hay un camino”, dijo. “Nunca debemos olvidar que trabajamos con personas y lo que buscamos es que ellos recuperen su libertad de autodeterminación, no necesariamente un acuerdo”, agregó. A diferencia de las causas judiciales, dónde quien decide es un tercero –el juez- la mediación hace parte activa de la resolución, a los principales implicados.

Minutos antes de comenzar la clase, Laura Echenique, secretaria de Justicia de Córdoba, y Débora Fortuna, titular de la Dirección de Mediación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, dieron la bienvenida a los asistentes. “Ustedes se están formando como instrumentos de cohesión social, de pacificación. Agradecemos la inquietud y el compromiso”, dijo Fortuna.

Por su parte, Echenique destacó la mediación como “una piedra fundamental” en el paquete de reformas que el gobierno pretende introducir en la justicia, con el fin de hacerla más accesible y acercarla a la ciudadanía. “Es un cambio de paradigma, con esta ley les estamos pidiendo a todos que primero se sienten y dialoguen para buscar un acuerdo, y si no lo encuentran, entonces si deberán recurrir a la justicia. Es dejar atrás el paradigma del conflicto”, explicó.

Cuando se abrió la inscripción, hace poco menos de un mes, más de 320 profesionales de diversas disciplinas (no hace falta ser abogado para ser mediador) se acercaron interesados. Finalmente, quedaron inscriptas 82 personas, a los que se sumaron 10 jueces de paz de distintas localidades de la provincia. A partir de ahora, el grupo se dividirá en dos comisiones que cursarán dos días por semana. Del total, la mitad viajan desde el interior provincial para asistir al curso. El cuarenta por ciento son abogados y el resto se reparte entre docentes, psicopedagogas, trabajadoras sociales, médicos y contadores, entre otras profesiones.

Como Agustina Daniele, de 27, psicopedagoga de Oncativo, que trabaja en un programa de convivencia escolar del Ministerio de Educación. “Trabajo con situaciones conflictivas, este curso me puede servir en lo profesional pero también en lo personal”, dice.  Gustavo Monayar, médico de 79 años, considera que, además de una nueva salida laboral, la mediación es “una herramienta y un aporte para bajar el voltaje social”. Yolanda Cisneros es trabajadora social, independiente y perito oficial en tribunales. “El curso es muy accesible en precio y tiempos, lo veo como una buena salida laboral a partir de la nueva normativa”, dijo

Elena García Cima de Esteve comenzó por enseñar el método de la mediación.  “En mi maletín llevo las herramientas, entre ellas, esto –dijo, sacando una tarjeta con un periscopio dibujado–. Este periscopio es para mirarme a mí misma, para no hacer de la mediación una casa de muñecas y para abstenerme de decidir sobre la vida de los otros”, concluyó.


Volver