Hijos e hijas en situación de violencia. Ese fue el tópico del quinto encuentro de la Diplomatura universitaria en formación de acompañantes comunitarios contra la violencia de género, organizada por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Red de Universidades por la No Violencia hacia las Mujeres. Durante todo el sábado, entre las panelistas y las más de 1500 personas que llegaron a la sede de la Universidad Provincial de Córdoba, en las Ciudad de las Artes, resonó además una pregunta: “Las niñas y niños ¿son víctimas o testigos?”. Las respuestas (y las propuestas) se fueron ensayando a lo largo de la jornada.

“Durante mucho tiempo las mujeres víctimas de violencia machista eran abordadas como personas únicas, sin influencia en su contexto. Pero no es así: su realidad impacta en su entorno y sobre todo en los hijos”, dijo en la presentación Claudia Martínez, secretaria de Lucha contra la Violencia a la Mujer y Trata de Personas. “Los niños y niñas no son víctimas colaterales, son víctimas directas. En la violencia de género no hay una víctima solitaria. Y desde el Gobierno estamos trabajando políticas públicas con una nueva mirada para que, en el futuro, cuando crezcan no se reproduzcan en su universo como víctimas o victimarios”, agregó.

Cómo en cada encuentro, Martínez fue la encargada de dar la bienvenida y presentar a las panelistas. La primera en exponer fue la filóloga y docente española Marian Moreno Llaneza, seguida por Patricia Visir, especialista en maltrato infantil, y Amelia López Loforte, actual defensora de Niños, NIñas y Adolescentes de Córdoba.

Con un gran sentido de la didáctica y del humor, Marian Moreno compartió toda su experiencia en coeducación, un concepto que va más allá de la educación mixta y parte de las potencialidades de los niños y niñas, independientemente de su sexo. Moreno es fundadora de CLAVICO (Claustro Virtual de Coeducación). “Sabemos un montón de la niñez, teorizamos sobre ella. Pero deberíamos mirar la infancia desde nuestras propias fotos, todas hemos sido niñas”, dijo y se mostró ella, de 5 años, en su Austria natal, riendo a carcajadas en la casa de sus abuelos. ¿Qué aprendemos en la infancia?”, se preguntó y continuó: “Aprendemos sobre masculinidades y feminidades. Aprendemos sobre lo que pueden y no pueden hacer hombres y mujeres, aprendemos roles, estereotipos”. Y en los casos de niños que viven en situación de violencia, dijo, “se aprende que la violencia es una estrategia de resolución de conflictos, se aprende el distanciamiento de las relaciones afectivas, el miedo, la sumisión, el silencio, la dependencia”.

Para Moreno, el objetivo debe ser “una juventud fuera de estereotipo. Hombres igualitarios y mujeres empoderadas”. Y para eso, recomienda las bases de la coeducación: el uso no sexista del lenguaje, visibilizar las trayectorias de las mujeres, construir masculinidades igualitarias, luchar contra la violencia de género y la discriminación, educar sobre sexualidad en igualdad y criticar el sexismo en cualquier manifestación.

Todo esto, señaló, “se hace con empatía y con amor” y para finalizar, leyó en voz alta un texto titulado: receta del buen amor.

Amelia López Loforte coincidió en su exposición. “Los adultos estamos acostumbrados a hablar de los chicos, pero no a escucharlos -dijo-. Y ahora están exigiendo que cambiemos la mirada que tenemos sobre ellos. Dejar de verlos como objetos de protección para pasar a verlos como sujetos de derecho”. Luego habló sobre la cultura impuesta que dejó el paradigma tutelar, por el que se rigió durante décadas el sistema argentino. “Fíjense que parecido que es el paradigma tutelar al machismo -sugirió-.  Hay un otro que tiene poder y dice que te va a proteger y decide por vos. Ese paradigma está presente, nosotros, los adultos, creemos saber lo que el niño necesita, pero desde nuestra mirada adultocéntrica”.

Para la defensora de Niños Niñas y Adolescentes, se aprenden vínculos asimétricos, donde hay alguien más poderoso, que sabe, y alguien que tiene que obedecer y hacer lo que el otro dice. “Esa es la referencia que los chicos interiorizan y a lo largo de sus vidas van interiorizando uno u otro rol: el sometido, o el que controla. desde ese lugar, el paradigma tutelar a hecho que sostengamos los vínculos de violencia”, sentenció y finalizó diciendo que no basta “con cambiar las leyes, hay que cambiar las prácticas, las conductas.  Ser sujeto de derecho, además de una condición ante la ley, es una condición social que hace a los niños y niñas participantes activos”.

Patricia Visir, psicóloga experta en maltrato y trauma infantil, consejera de minoridad, y expresidenta de la Asociación Argentina de Prevención en Maltrato Infantil (ASAPMI), dio una exposición minuciosa sobre detección y abordaje del abuso sexual infantil. Dijo que la ausencia de marcas físicas no invalida el relato de un niño o niña víctima. “Uno de cada cuatro chicos abusados presenta signos físicos, pero debemos saber que su relato alcanza como indicador de certeza”, dijo y explicó cómo se debe intervenir ante un relato. “Controlar nuestras propias reacciones, escuchar, creer en la posibilidad del abuso, no sobreabundar en preguntas, no prometer cosas que no vamos a poder cumplir, como la confidencialidad, no confrontar su relato con el de la persona señalada como abusadora”, enumeró.

Dedicada

Cada encuentro de la diplomatura está dedicado a una mujer. Este encuentro fue especial. Estuvo dedicada a Azul Montoro, mujer trans de 23 años, asesinada en 2017. El viernes, en un fallo histórico, un jurado popular sentenció por unanimidad a prisión perpetua a Fabián Casiva por el femicidio. En el escenario estuvieron sus padres, su amiga Lara y Alejandro Escudero Salema, subdirector de Derechos Humanos de las Minorías y Lucha contra la Discriminación. “Parece ser que quienes se atreven a romper con la heteronormatividad coquetean con la muerte. Es historico que una sentencia haya reconocido su identidad”.

 


Volver