Con interpretaciones teatrales, las mujeres del penal de Bouwer representaron a las operarias de una fábrica textil, en alusión a las obreras  que murieron tras un incendio en la fábrica de Nueva York por reclamar mejores condiciones laborales.

Las actuaciones estuvieron a cargo de internas del establecimiento y actores independientes bajo la dirección de Diego y Alicia Dozo, maestros del taller de teatro en Bouwer, quienes en esta oportunidad crearon esta obra con actrices independientes y las mujeres alojadas en el establecimiento penitenciario.

La Fábrica

En el patio estaban dispuestas tres máquinas de coser; la puesta sobria recreaba un taller textil donde los capataces con silbatos marcaban el ritmo agobiante del trabajo. Cuando se callaban sus órdenes, se escuchaba la música de Pink Floyd y Cirque de Solei, alternativamente. El clima hostil, pesado, se volvía cada vez más denso.

“Apúrense, corten, así no, esta tela no sirve”, les ordenaba una trabajadora, quizás la elegida por los dueños para ordenar a sus compañeras.

Las operarias, agarraban las telas, las doblaban, una vez y otra y otra en el medio de silbatos, órdenes y contraórdenes,.. ese escenario tan parecido a otros contextos y a tantas épocas vividas y sufridas por mujeres. Hasta el propio Dozo con su gesto adusto, no decía nada cuando entraba con su máquina. Sólo miraba de un lado al otro. Eso era suficiente para generar miedo y sumisión.

Mientras tanto, el público acompañaba a esas trabajadoras con sus rostros, con los pies siguiendo la música, o con los ojos húmedos, casi rebalsados de lágrimas contenidas. El patio no era patio, era la fábrica.

Esas mujeres podían ser nuestras madres, hermanas, novias, eran unas y eran todas. Entre ir y volver, una trabajadora se trastabilló y dobló el pie. Ese fue el momento del quiebre de las trabajadoras, de pararse ante las autoridades y reclamar justicia. La respuesta fue una red primero que las contuvo y luego un manto negro que las calló.

Otras representaciones

Además las internas pusieron en escena las distintas etapas en la vida de la mujer en relación con la luna. Comenzaron con la luna rosa, de merengue, esa hace referencia  a la infancia. Luego llegó la luna roja, una mujer vestida de rojo representó la pasión, la etapa de la adolescencia. Después aparece la luna de miel encarnada por una novia en el altar y al último, las nueve lunas.

Allí un interna se puso en la piel de una chica embarazada  y luego el parto y el nacimiento del bebé.La última luna fue la negra que representó al maltrato; decidieron simbolizarla con un globo negro que se reventó y dejó caer una lluvia de caramelos  significando la dulzura interna de la mujer.

Cada una de las jóvenes y no tanto, revivieron alguna etapa de su vida. Eso fue la jornada para estas mujeres que quisieron rendir un homenaje por el día de la mujer. Su día.

Acompañaron a las actrices, internas que no participaron de las obras, personal del servicio penitenciario, el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Luis Angulo , el Secretario de Gestión y Organización Penitenciaria, Martín Farfan y el director del Servicio Penitenciario, Juan María Bouvier.

Al finalizar el encuentro teatral, el ministro Angulo dijo que esta actividad es reflejo de una política implementada por este gobierno en el compromiso con los derechos humanos: “Las cárceles, los espacios de detención, no son lugares para el castigo sino para la promoción y el  fortalecimiento de los derechos humanos de las personas que se encuentran privadas de su libertad”, y agrego: “uno de los derechos fundamentales, es que ustedes puedan tener la oportunidad de disfrutar de este hermoso encuentro artístico”.

Por su parte y en relación a esta actividad artística, la tallerista Alicia Dozo expresó que el teatro es como un poroto, lo tiene la mamá en el frasco, por ahí se cae o sirve para contar puntos. A veces, el que se salva, sale  y se convierte en vida. “El teatro es eso algo escrito que necesite que alguien lo encarne”.

 


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