sala cuna 100h

Desde la primera a la última, el escenario sobre el que cada Sala Cuna abrió sus puertas regala postales tan vivas como la alegría de cada niño que corretea, entre risas y algún que otro llanto, sobre la vereda del lugar donde descubrirá un sinfín de rincones y de historias.

Encontrarlas es fácil: el cartel azul sobre el ingreso anticipa que no se trata de una casa más. Se trata, en cambio, de un espacio compartido, un encuentro de pequeños y traviesos pasos que se apropiarán de una Sala que, desde ese mismo momento, les pertenece.

Son más de 600 adultos que trabajan por y para ellos, garantizando su cuidado, su estimulación y su correcta alimentación. Personas que ayudan a transformar aquellas paredes con olor a pintura fresca en un mundo de juegos y fantasías.

Abrazando a la comunidad

Desde marzo se han cortado cien cintas, que engloban tantas historias como chupetes, pañales y muebles en miniatura. Y ahí, en ese lugar está la política que, lejos de pasar inadvertida, permite aquello más trascendental que se le pueda atribuir: la capacidad de cambiarle la vida a la gente.

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Ya son 4.360 las familias, en situación de vulnerabilidad social, contenidas en este programa, que ven como sus niños disfrutan a diario de estos espacios de creatividad y alegría mientras sus mamás y sus papás ahora pueden estudiar o trabajar, contribuyendo a la superación personal y al desarrollo familiar.

Y es que las Salas Cuna nacieron para ayudar a crecer, para acompañar a dar los primeros pasos a miles de niños -hoy son 5.920-, reivindicando la función de un Estado que se hace presente en los barrios, allí donde cada necesidad se traduce en un rostro.

Son 100, son espacios donde cuidamos el futuro. Son las Salas Cuna y son las primeras. Porque se vienen más.


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