• Rabino Marcelo Polakoff, miembro del COMIPAZ.

La Madre Catalina de María Rodríguez nació a fines de 1823, y vivió en una Argentina convulsionada por el enfrentamiento entre Unitarios y Federales. Incluso así, y proviniendo de una familia que poseía vínculos políticos y religiosos muy marcados, Catalina decidió bregar por el bien de la sociedad sin contemplar estas divisiones, tendiendo puentes entre los diferentes, y buscando hacer un mundo mejor.

“Siempre tenemos que destacar estos modelos de liderazgo, en este caso inspirados por la trascendencia, donde la idea de aunar, sumar, congregar y hacer puentes, es lo que prevalece. La gente que trasciende es la que pone por encima de sus intereses particulares o sectoriales, el interés general. Unitarios y Federales fueron una base desde donde la Madre Catalina, sin meterse en el conflicto, pudo operar en consecuencia. Este es un ejemplo: más allá de las distintas posturas políticas, construir sobre ellas es lo que hay que hacer”, cuenta el Rabino Marcelo Polakoff, miembro del COMIPAZ.

“Cuando empecé a conocer la historia de Catalina me apasionaron muchos detalles de su obra, y me parece que es bueno que se ponga un foco en su personalidad porque eso inspira. Inspira a mucha gente más allá de su ideología, tradición, religión”, expresa Polakoff y detalla: “Nosotros tenemos que profundizar todos los mensajes y ejemplos que nos unen en la diversidad. Tenemos que celebrar en las diferencias, la posibilidad que tenemos, en este caso desde la Comunidad Judía, agradecer al mundo Católico que nos pone este foco ampliado de gente que es digna de imitar”.

El Rabino, como miembro del COMIPAZ, asegura que este tipo de historias de vida deben servir como fuentes de inspiración para lo que venga, y reflexiona: “Cuando uno trae al presente estas historias se da cuenta que nunca quedaron en el pasado. Las historias que valen la pena son las que siempre son presente, y la historia de la Madre Catalina es una de ellas”.


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