Fernanda tiene nueve años, disfruta de ir al colegio y tiene muchos amigos. Dice que le gustan todas las materias y estudiar, en general. Cuando sea grande quiere ser maestra.

Para llegar a la escuela, Fernanda camina seis kilómetros todas las mañanas y hace el mismo recorrido de regreso a su casa. La niña, que cursa el cuatro grado del primario, siempre va acompañada de su hermano Luciano, un hincha de Boca que sueña con jugar al fútbol en la primera de San José de La Dormida. Ambos saben andar en bicicleta pero ella, que es la mayor, será la encargada de pilotear la flamante nave de dos ruedas.

Y es que hace un par de semanas, docentes y funcionarios de la zona hicieron conocer la historia de estos hermanos a las autoridades de la Agencia Córdoba Joven y días más tarde, Paulo Cassinerio, presidente de la Agencia, y la vocal de directorio, Julieta Rinaldi, se hicieron presentes en la Escuela Esteban Echeverría, ubicada en el paraje La Toma del departamento Tulumba. Allí conocieron a Fernanda y Luciano, y también a Matías y Ezequiel, quienes transitan una historia similar a la de sus compañeros.

“La primera vez que lo vi a Mati bajaba por el camino con el pantalón mojado hasta la altura de la rodilla”, relató su maestra Lilian Argañaráz. “Le pregunté si se había metido en el barro y me dijo: no seño, nosotros nos vinimos caminando por el campo. Estaba con Ezequiel, que es su hermanito más chico, y su mamá que traía en brazos a su otro hermano”, recordó la docente.

Como reconocimiento a su perseverancia y voluntad, desde la Agencia se hizo entrega de dos bicicletas para que puedan hacer el recorrido de forma más rápida y segura. Pero eso no fue todo, la idea fue acercarse a la comunidad educativa donde conviven niños y niñas de todos los grados para aportar útiles escolares y materiales de estudio, y también para compartir un día de juegos e intercambios de experiencias.

La diferencia

Día a día la Escuela Esteban Echeverría recibe a unos diez niños de nivel inicial y 18 de nivel primario, y eso incluye a unas 15 familias que se esfuerzan para que sus niños se eduquen. “Ellos aman venir a la escuela porque, entre otras cosas, es el momento de su día en que se conectan con el mundo”, dijo la maestra haciendo refrencia a que también allí poseen conexión a internet, algo poco frecuente en la zona.

A las actividades académicas se suman otras recreativas, como hacer deportes y aprender computación, además de proveerles de una nutritiva alimentación suministrada por Paicor. La escuela es el sitio donde los niños quieren estar. “Los niños quieren venir a la escuela. La aman y disfrutan de todo lo que sucede acá”, destacó la maestra.

El rol de los padres es fundamental dice la docente: “Ellos les transmiten las ganas de salir adelante a sus hijos más allá de sus necesidades y circunstancias. Lo que marca la diferencia es la esperanza de los papás”.

Reconocimiento especial

Las autoridades de la Agencia fueron recibidas con un gran asajo, por parte de niños y docentes, y también participaron de un emotivo acto en el cual fueron elegidos como padrinos de la Escuela. Un reconocimiento especial que les generó una enorme alegría y una gratificante responsabilidad que asumirán con mucho cariño.

“Nos llevamos mucho más de lo que vinimos a dar. El hecho de haber sido nombrados padrinos de la Escuela nos llena de orgullo y nos motiva a seguir abonando el vínculo con los niños y toda su comunidad. Pronto haremos más actividades con ellos a través de los distintos programas de la Agencia”, afirmó Cassinerio.

Cabe destacar que una de las personas que ayudó a generar el vínculo entre la Escuela y la Agencia –y también estuvo presente junto al intendente de Villa Tulumba, Carlos Palomeque- fue el legislador departamental Isaac López, quien reforzó su compromiso a seguir trabajando por las familias de la zona.


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