• Julio Chávez, actor y artista plástico
  • Cómo artista plástico, Chávez inició sus exposiciones hace tres décadas. En la faz inicial fueron trabajos pictóricos, últimamente decantaron por la experimentación escultórica.
  • Cómo artista plástico, Chávez inició sus exposiciones hace tres décadas. En la faz inicial fueron trabajos pictóricos, últimamente decantaron por la experimentación escultórica.
  • Cómo artista plástico, Chávez inició sus exposiciones hace tres décadas. En la faz inicial fueron trabajos pictóricos, últimamente decantaron por la experimentación escultórica.

Julio Chávez se para frente a uno de sus cuadros un minuto después de inaugurar formalmente su muestra en el Museo Emilio Caraffa y admite que transita una semana en la que Córdoba le ha demostrado un espectacular aguante. Es que llenó nueve veces la Sala de las Américas de la Ciudad Universitaria con la pieza “Un rato con él” y, luego de una pausa para asumir su otro rol artístico, se apresta a medir el impacto de su obra sobre espectadores más acostumbrados a seguirlo en la televisión y el cine, o a aplaudirlo en el teatro.

“Traje a Córdoba obras del año 2014, 2016 y 2018. Hice la de este año una vez que supe que iba a exponer en este hermoso museo, que como bien saben ustedes es importante no sólo en Córdoba sino en todo el país”, dice el hombre que el gran público identifica -primordialmente- por su labor actoral pero que está a punto de cumplir tres décadas como expositor de lo que en la faz inicial fueron trabajos pictóricos y figurativos y decantaron, últimamente, por la experimentación escultórica.

Para el artista que firma sus pinturas como Julio Hirsch Chávez, mixturando el apellido que figura en el Registro Civil con el que eligió cuando debutó en las lides de la actuación, el MEC “es un espacio de legitimación muy atractivo para uno, entre otras cosas porque es un museo y entonces a un artista plástico como a mí me libera de las preocupaciones que uno tiene cuando está en una galería. También me ubica en un lugar de mayor libertad como para contar y relatar a través de la pintura, sin la preocupación de si hay un puntito rojo o no”.

A esta altura de su trayectoria, Chávez maneja con cierta comodidad la coexistencia de su perfil habituado a los aplausos y las expresiones más directas de aceptación o rechazo que le ofrecen el teatro, el cine y la televisión, y el otro más intimista de trabajo solitario en su atelier. Acepta, por supuesto, que aquél le aporta a éste.

“Me he quedado acá para hacer el montaje y la curaduría de mi muestra; como digo yo, mi pintor ha tenido que sobrevivir al actor porque es como que tengo dos hermanos; uno que se hizo conocido muy rápidamente y otro que no lo conocen tanto. En un momento para mí eso fue una lucha, una preocupación, de ver como yo podía ser legitimado, no porque soy actor sino por mi pintura, o por mi escultura”, comenta reconociendo que alguna vez le costó acomodar sus talentos,  pero ahora los disfruta sin complejos.

Mientras recorre la espaciosa sala para observar su obra desde distintas perspectivas, Julio manifiesta su reconocimiento a quienes lo invitaron a exponer, especialmente “al director del museo; que haya visto mi trabajo y me haya invitado y me permita mostrar mi obra, esto se agradece mucho”.

Insiste Chávez en que “ser artista plástico es muy diferente a ser actor” aunque en su paso por Córdoba le haya tocado cargar con ambos, en el puñado de cuadras que separan la Ciudad Universitaria del museo desde el que se domina la Plaza España. Al momento de la inauguración de su muestra faltaban apenas horas para la entrega de los premios Martín Fierro, certamen en la que  su última intervención televisiva, El Maestro, cosechó 7 nominaciones.

El actor no esquiva tampoco un pronunciamiento sobre ese encuentro, teñido en las últimas entregas por  cuestiones, en apariencias, un tanto alejadas de lo puramente artístico.

“Por una parte estoy agradecido -aclara- pero también un poco entristecido porque antes un premio era motivo de festejo. Ahora está un poco maltratado el oficio por cuestiones mediáticas y otras importantes, que pertenecen a lo social”.

Y explica. “Soy de una época donde los premios se vivían con una cierta fe, una cierta ingenuidad y hoy es un poco cínico el espacio en relación a eso pero a mí me gusta la ceremonia del premio. Espero que podamos hacer honor a nuestro oficio, que a veces pasa como a un tercero o cuarto plano y en los primeros afloran otras cuestiones. Esa noche es, en definitiva, una noche del espectáculo y espero que eso se valorice”.

Dispuesto a continuar lidiando con pinturas y esculturas, Julio planea darle continuidad también a su labor como escritor. “Un rato con él”, su debut autoral, fue una de las obras más vistas en el 2017 y ahora acaba de entregar “Inés”, realizada en colaboración con Camila Mansilla. Además está en los capítulos iniciales de “El hijo de Juan Oribe”, a pedido de su amigo Adrián Suar y para volver a protagonizar como actor.

La muestra de Julio Hirsch Chávez puede visitarse en la Sala 3 del Museo Emilio Caraffa – Av. Poeta Lugones 411- de martes a domingos y feriados de 10 a 20 horas.


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