“Vivir deja huellas”, sentenció Luis Ulla, representante del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria. Lo hizo en el marco de la Jornada “Análisis de Ciclo de Vida: herramientas de base científico-tecnológicas para la producción sostenible de agroalimentos”, organizada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, con el auspicio del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba.

Cuando se habla de “huellas”, en este contexto, se hace referencia a todas las actividades que suponen un impacto. Particularmente, cuando se piensa en este impacto a nivel organizacional, se habla de “estudios de huella”, que miden la incidencia de la actividad de una empresa, por ejemplo, en el medioambiente.

En el contexto de la producción agroalimentaria, las huellas de carbono y agua y su estudio posibilitan conocer cuál es el impacto de las actividades en conjunto del sector agropecuario. De esa forma, es posible saber de qué manera se pueden modificar algunas prácticas o procesos para un uso más adecuado de los recursos, cuya eficiencia supone el mínimo impacto ambiental y una mayor productividad.

“Cuando una empresa tiene un tamaño bastante importante, ese impacto no es menor. Imaginemos el impacto que genera el uso de energía de hidrocarburos para mover autos en el planeta. Aquí uno puede advertir que sin dudas esa huella que deja es profunda, no solo en la minería sino en todo lo  que supone el uso. Finalmente, también se mide aquello que queda posteriormente al uso de algo, por ello hablamos de ciclo de vida”, explica Luis Ulla.

Por su parte, el representante del INTA, Martín Irurueta, explica: “Todos los escenarios que se presentan indican que en el 2050 vamos a tener que alimentar a 9 mil millones de habitantes en el mundo, en un contexto con un fuerte proceso de cambio climático. Con ello, tenemos que ser muy eficientes en la producción de alimentos que vamos a necesitar para ofrecer a la población. Para ello necesitamos medir, mediante una herramienta como el análisis del ciclo de vida cuáles son los impactos negativos y positivos en la producción de productos y servicios destinados a la población”

“La ciencia y la tecnología son fundamentales para el desarrollo sustentable. El desarrollo de tecnologías de productos y de procesos, llevan implícitas herramientas como el análisis del ciclo de vida, que requieren de un desarrollo metodológico científico. Esto permite trabajar sobre la disminución de los impactos y la eficientización de los procesos”.

En esta línea, Luis Ulla destacó que la virtud de estos estudios radica en que son el punto de medida: “saber dónde estamos, para poder fijarnos objetivos lógicos que nos lleven a conocer si realmente estamos por el camino correcto. No nos olvidemos que al hablar de sustentabilidad, en el fondo estamos haciendo referencia a una carrera entre el calentamiento global y la supervivencia de la especie. Es decir no estamos hablando de un ejercicio  en el que podamos tomarnos mucho tiempo”, concluyó el especialista.

Sobre la Jornada

La Jornada “Análisis de Ciclo de Vida: herramientas de base científico tecnológica para la producción sostenible de Alimentos”, fue organizada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y auspiciada por diversas instituciones. Contó con financiamiento del Programa “Apoyo a Eventos”, del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba.

El auditorio del Ministerio provincial fue el anfitrión de un público formado por actores representantes del sector agropecuario, académicos e interesados en la temática.

El encuentro tuvo como finalidad presentar la temática sobre análisis del ciclo de vida y de economía circular; nuclear a los profesionales que están trabajando en la temática y promover la articulación entre las instituciones.

Se trabajó en torno a los estudios de huellas en el contexto de los objetivos del desarrollo sostenible, temática a cargo de Luis Ulla, del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria. Huellas de carbono e hídrica de la cadena del maní, fue el tema abordado por Leticia Tuninetti (INTI) y Rodolfo Bongiovani (INTA). También se analizaron las estrategias de optimización multicriterio para la gestión de cadenas de valor agroindustriales, con la presentación de Fernando Mele, de la Universidad Nacional de Tucumán. “La Economía Circular, en la Unión Europea: cómo evitar impactos sobre las exportaciones argentinas”, fue la última disertación, a cargo de Alejandro Valeiro, de Labintex Europa (INTA)

Estuvieron presentes Luis Erazú, coordinador del Programa Nacional de Cultivos Industriales (INTA), junto a Eva Cafure, organizadora del evento; el  Decano del Instituto de Ciencias Básicas y Aplicadas de la Universidad Nacional de Villa María, Germán Casetta; Alejandro Valeiro, de Labintex Europa – INTA y Martín Irurueta, coordinador Nacional de Investigación y Desarrollo del INTA.

En la ocasión, el Ministro de Ciencia y Tecnología, Walter Robledo, cerró la actividad expresando la importancia de contribuir desde el conocimiento a mejorar la calidad de vida de las futuras generaciones. En particular, destacó el aporte que las instituciones científico-tecnológicas realizan para promover la articulación entre los diferentes sectores y el esfuerzo en conjunto de todos los actores de la sociedad (sectores académicos, públicos y productivos) orientados a procesos que permitan construir un futuro sustentable. Además, propuso conformar una mesa para promover los conceptos de la economía circular en los ámbitos socio-productivo y académico científico tecnológico de Córdoba.


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